Debería estar prohibido tanto traficar con narcóticos sociales como con esperanzas. Heiner Müller, gran dramaturgo alemán y alumno de Bertolt Brecht así lo veía. No le faltaba razón. Sin embargo este tráfico de estupefacientes sigue en aumento en diversos formatos, uno de los peores el cuerpo dogmático de la Santa Iglesia Católica, con toda su pompa y jerarquía, el cual nunca ha dejado de intervenir en la vida pública con toda una serie de prácticas ideológicas, sociales y políticas. Su venta de opio siempre ha estado al día. Hoy nos hallamos inmersos en un escenario de reacción que la Iglesia ha diseñado para "afrontar" las variaciones sociales y culturales de las sociedades contemporáneas (modos nuevos de vida, aceptación de antiguos agentes sociales que se excluían, renovación del concepto de familia...) a nivel global. De repente la Iglesia ha hecho de su reacción un credo de activismo. Benedicto XVI mencionaba hace un par de días que había que realizar una "lucha ideológica" por diversos motivos: "La defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos". Si hacemos una lectura de esta declaración mostrando lo que tratan de decir realmente y lo que excluyen sus proposiciones en el mismo acto de enunciar lo que desean tenemos lo que sigue: "La defensa de la vida humana tal y como la concibe la Iglesia, otras no valen (las alusiones a la naturalidad estaban bien cuando vivía Aristóteles y la Escuela funcionaba, hoy ya no), la familia fundada en la heterosexualidad y excluyendo toda posibilidad de formar parte de ella aquellos que son anormales (el canon de normalidad que uso es el eclesiástico), la libertad, o mejor, la obligación de educar a los hijos conforme a los dogmas de la Iglesia".
Respecto a esta última proposición que menciona la palabra libertad cabe decir varias cosas. Hoy asistimos a una banalización de que es la libertad o que entendemos por libertad. Muchas manifestaciones hablan de libertad en sus pancartas y sin embargo no se nos dice a que tipo de libertad hacen referencia. La Iglesia, como es obvio, remite en sus panfletos a una libertad que excluye todo aquello que no entra dentro del molde dogmático de sus creencias, es decir, algo que creo se opone radicalmente a lo que desde la Ilustración (esa que por desgracia no se quedó lo suficiente en España) se entiende por libertad. No me interesa hacer una defensa de la noción de libertad ilustrada, no estoy de acuerdo con sus postulados sobre la autonomía, la conciencia (o sujeto) y el estado, pero si me interesa que no se banalice algo por lo que muchos han muerto (incluso algunos sacerdotes y monjas en américa latina, practicando esa teología que tanto miedo da a la pompa eclesial europea). Si por libertad entendemos la creación de un canon regulativo de la realidad social conforme a un ideario tradicional me parece que lo que hacemos es encubrir una verdad: que lo que se defiende es la Tradición, lo cual se opone punto por punto a una libertad de carácter compartido. Esta noción de Tradición no toma en cuenta al otro, a aquel que no es de la pertenencia de su fe, puesto que en tanto que el grupo afirma su voluntad de unidad no puede dejar sino de excluir aquello que mina dicha unidad (imaginaria) que parece poseer. Así la Iglesia se comprende a sí misma en el repudio de lo diferente, subordinándolo a una falsa racionalización (son anormales) o negándolo (no existen los diferentes, como en el mecanismo de la histeria).
También hoy muchos españoles se comprenden a sí mismos desde estas persepctivas tradicionales, afirmando la identidad (imaginaria y representada) de un país, afirmando unas costumbres como las "propias" y excluyendo lo que no entra dentro de su visión. Son los útlimos coletazos de un fascismo vivido y que parece resurgir a la llamada de la derecha española del PP. Ellos también hablan de libertad, de esa libertad para aplastar lo dieferente, para negar derechos a los que los necesitan, para comerciar y continuar con la explotación del tercer mundo. En esto último se dan la mano con el PSOE.
La libertad en manos de la derecha y la Iglesia cobra un carácter exclusivo, en absoluto integrador. Y si integra es al precio de la desigualdad y la diferencia negativa.
Es sintomático que hoy, en este santo país, una sarta de curas pueda vetar unas fotos porque les ofenden. Además acudiendo a argumentos como la blasfemia, el respeto y su libertad de creencia, cuando ellos no respetan en absoluto la diferencia e imponen a todas las conciencias un "sentido de la vida", escatología que no es más que este mismo término en distinta acepción: una excrección. Una maldita mierda.
Aquellos que llaman a la lucha ideológica deberían tener cuidado, porque en este país no solo late la sangre de una única tradición, por mucho que Franco (ese hijo de puta) tratase de destruirla. Hay un latido en España que vio nacer, crecer y organizarse al anarquismo, al anticlericalismo y a un pensamiento diferente de izquierdas, una corriente de cooperación y lucha más que una tradición. Y hay un momento en que la libertad, cuando es pisoteada y destruida, llama a su defensa, sobre todo en el renacimiento de los gestos fascistas. Entonces las voluntades chocan, porque no admiten diálogo posible.
No vaya a ser que de repente, un día, la bomba que ellos mismos encienden les explote entre las manos.
viernes 16 de marzo de 2007
jueves 8 de marzo de 2007
¿El día de qué mujer?
A Sheila
Hoy quiere celebrarse el día de la mujer trabajadora a nivel mundial, un día que hunde sus raíces en las luchas de los movimientos feministas y obreros: su espacio de gestación fue el marco de la Segunda Internacional obrera (1910). No obstante, y pese a la importancia de este evento en el proceso de consolidación del sufragio universal femenino, el derecho a la igualdad y la reivindicación de la mujer como agente social real, hoy esta celebración parece ensombrecerse por un estado de cosas bastante hipócrita. El día de la mujer trabajadora parece hoy una pantomima, un mero teatro para los buenos sentimientos. Lo primero que hoy se pone en entredicho respecto a este día es su grado de "internacionalismo". Podemos arriesgarnos sin quemarnos las manos a decir que este día es hoy un día de tipo "occidental" y relativo a los gobiernos que mantienen un estado de bienestar más o menos sotenible (con un poder económico saludable o estable) impregnados, directa o indirectamente, por la ilustración y el carácter reivindicador de los movimientos obreros y sociales (Francia, Alemania, E.E.U.U., Inglaterra, Holanda, España en menor medida...) más que un día internacional y relativo a todos los pueblos. El sistema capitalista puede hacer "excepciones" en el mundo desarrollado (si es que este día constituye en grado alguno una excepción, por lo cual yo no apostaría), pero en los países en vías de desarrollo y en en los subdesarrollados el día de la mujer probablemente no es más que un eco, lejana reverberación, de una pasión occidental.
En los países relativamente desarrollados en los que el día de la mujer tiene lugar, éste queda reducido a un extraño juego representativo, poco reivindicativo e incluso comercial (el capitalismo ha aprendido ha sacar su parte de cualquier cosa). Si encima se habla de España la hipocresía está servida. Aquí el teatro (¡ y que teatro!) se ha hecho con la calle. Muchos hogares españoles viven este día como una especie de pseudo-san-valentín, dónde a la Mujer (uso el término representativamente) ha de quitársele un poco el peso del hogar o del trabajo (invitar a una cena es una compensación) y, por supuesto, ha de recibir un obsequio en gratitud a sus esfuerzos (preparado a su hora en el lugar adecuado, el centro comercial). Algunos juegan a la inversión de ciertos roles, otros al magnífico premio merecido. Otras personas, más ilustradas, reivindican el día como una conquista en el proceso de liberación de la mujer de la tutela patriarcal, tratando de ofrecer una lectura del día positiva aún cuando muchos acontecimientos lo empañan. No obstante los efectos de las "grandes reivindicaciones" ultra representadas por la mediocracy acaban por convertir el día en fast food visual, es decir, en la creación de una conciencia efímera. Por suerte hay más gente, mujeres y también hombres, que trabajan día a día en esta igualdad, la cual parte de la comprensión cotidiana de eso singular que todos somos, del respeto y el entendimiento de la capacidad de agente social que todos tenemos, sin distinciones sexuales, público-privadas, por tanto, sin discriminaciones. Esta gente celebra hoy el día, pero no deja de celebrarlo a diario, es decir, de realizarlo.
Las celebraciones se convierten en monumentos de un pasado glorioso cuando lo que les da vida, la acción de mujeres y hombres que ponen de manifiesto sus ideas y compromisos, su cuerpo, no ofrece lugar de efectuación. Entonces solo queda la memoria, solo queda celebrarlo.
Hoy día la (des)memoria mediática engulle este día como cualquier otro evento. No dejemos que más teatros nos vivan en los medios, la calle, en casa o en el trabajo. Dejemos de representar y actuemos de un modo práctico por lo que a todos nos va en ello: una vida en común a nivel global digna, libre, no asedidada, como lo está hoy en casi todo el mundo, por la muerte, la desigualdad y la pobreza.
Hoy quiere celebrarse el día de la mujer trabajadora a nivel mundial, un día que hunde sus raíces en las luchas de los movimientos feministas y obreros: su espacio de gestación fue el marco de la Segunda Internacional obrera (1910). No obstante, y pese a la importancia de este evento en el proceso de consolidación del sufragio universal femenino, el derecho a la igualdad y la reivindicación de la mujer como agente social real, hoy esta celebración parece ensombrecerse por un estado de cosas bastante hipócrita. El día de la mujer trabajadora parece hoy una pantomima, un mero teatro para los buenos sentimientos. Lo primero que hoy se pone en entredicho respecto a este día es su grado de "internacionalismo". Podemos arriesgarnos sin quemarnos las manos a decir que este día es hoy un día de tipo "occidental" y relativo a los gobiernos que mantienen un estado de bienestar más o menos sotenible (con un poder económico saludable o estable) impregnados, directa o indirectamente, por la ilustración y el carácter reivindicador de los movimientos obreros y sociales (Francia, Alemania, E.E.U.U., Inglaterra, Holanda, España en menor medida...) más que un día internacional y relativo a todos los pueblos. El sistema capitalista puede hacer "excepciones" en el mundo desarrollado (si es que este día constituye en grado alguno una excepción, por lo cual yo no apostaría), pero en los países en vías de desarrollo y en en los subdesarrollados el día de la mujer probablemente no es más que un eco, lejana reverberación, de una pasión occidental.
En los países relativamente desarrollados en los que el día de la mujer tiene lugar, éste queda reducido a un extraño juego representativo, poco reivindicativo e incluso comercial (el capitalismo ha aprendido ha sacar su parte de cualquier cosa). Si encima se habla de España la hipocresía está servida. Aquí el teatro (¡ y que teatro!) se ha hecho con la calle. Muchos hogares españoles viven este día como una especie de pseudo-san-valentín, dónde a la Mujer (uso el término representativamente) ha de quitársele un poco el peso del hogar o del trabajo (invitar a una cena es una compensación) y, por supuesto, ha de recibir un obsequio en gratitud a sus esfuerzos (preparado a su hora en el lugar adecuado, el centro comercial). Algunos juegan a la inversión de ciertos roles, otros al magnífico premio merecido. Otras personas, más ilustradas, reivindican el día como una conquista en el proceso de liberación de la mujer de la tutela patriarcal, tratando de ofrecer una lectura del día positiva aún cuando muchos acontecimientos lo empañan. No obstante los efectos de las "grandes reivindicaciones" ultra representadas por la mediocracy acaban por convertir el día en fast food visual, es decir, en la creación de una conciencia efímera. Por suerte hay más gente, mujeres y también hombres, que trabajan día a día en esta igualdad, la cual parte de la comprensión cotidiana de eso singular que todos somos, del respeto y el entendimiento de la capacidad de agente social que todos tenemos, sin distinciones sexuales, público-privadas, por tanto, sin discriminaciones. Esta gente celebra hoy el día, pero no deja de celebrarlo a diario, es decir, de realizarlo.
Las celebraciones se convierten en monumentos de un pasado glorioso cuando lo que les da vida, la acción de mujeres y hombres que ponen de manifiesto sus ideas y compromisos, su cuerpo, no ofrece lugar de efectuación. Entonces solo queda la memoria, solo queda celebrarlo.
Hoy día la (des)memoria mediática engulle este día como cualquier otro evento. No dejemos que más teatros nos vivan en los medios, la calle, en casa o en el trabajo. Dejemos de representar y actuemos de un modo práctico por lo que a todos nos va en ello: una vida en común a nivel global digna, libre, no asedidada, como lo está hoy en casi todo el mundo, por la muerte, la desigualdad y la pobreza.
miércoles 7 de marzo de 2007
Notas sobre el presente (sobre la mediocracia)
"Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir, claras y distintas"
B. Spinoza, Ética, Proposición XXXVI, Parte II.
Hoy día nos cuesta mucho hender lo cotidiano. Nos es dificil abrir en su efímera consistencia una brecha o fractura que nos permita comprender que es eso que, en nosotros y a nuestro alrededor, se sucede día a día. La visión de todo hombre siempre ha estado mediada, estructurada, por una serie de elementos de diferente naturaleza que han determinado la óptica y el espacio dónde la mirada se vierte, siendo la correlación de estos lugares (la visión, sus reglas - el espacio de la visión) muy íntima. No puede ser de otra manera: vemos a través de, no hay mirada pura. Hoy sabemos bien (aunque algunos olviden) que aquello que determina nuestro modo de enfocar las cosas suele excluir, como punto ciego, ciertos objetos otros que nuestra pupila no está dispuesta a aceptar, ello por razones muy diversas y muchas veces de carácter inconsciente.
En la actualidad nos hallamos en una circunstacia singular respecto a la mirada. La mirada se construye a través de cierta opinión que es vertida a la sociedad a través de los medios de comunicación, constituyendo el mensaje de estos dispositivos de creación-selección-distribución de información una de las piezas centrales del sostenimiento de un orden socio-económico específico, pero a la vez, en tanto que determinantes de nuestro mirar, la información reverbera en el modo en que los hombres se perciben a sí mismos en un sistema social dado. Los odios, las sorpresas, las alegrías y los crimenes son servidos en periódicos, televisiones y ordenadores para proyectar un tipo concreto de subjetividad, para realizar la información en un tipo de sujección: el sujetamiento a los criterios de opinión comunes, ese tan laureado sentido común. La información mediática, en tanto que principal mediación frente a la realidad social y su posible conocimiento, juega tanto como ámbito productivo-reproductivo de la sociedad capitalista a la vez que genera modos de individuación-sujección específicos, relacionados tanto con las estrategias de mercado como con los avatares de la política nacional e internacional. Este modo de proceder ideológico liga las prácticas sociales de los individuos a todo un flujo opinante que no cesa de repetir consignas que permitan el reconocimiento, la identidad grupal y el prestigio dentro de una clase o grupo con cierta estratificación en su poder, pero nunca permiten ningún tipo de abordaje cognoscitivo de la realidad social minimamente científico. De hecho el término "científico" es una de las consignas más usadas en todo medio de información, cuyo efecto más típico es de la aceptación irreflexiva de cualquier proposición que venga revestida con dicho vocablo. Lo cual es signo de la estima (ignorante) hacia un grupo social (los científicos) sobre el que se desconce totalmente su proceder, sus problemas y recursos.
La función de las palabras, imágenes y melodías en los contextos informativos suelen tener siempre una carácter marcadamente ideológico, es decir, producen efectos que interpelan a los sujetos, los cuales asentirán de un modo mas o menos consciente la información-publicidad servida, reconociéndose en ella. Este reconocimiento es productor de subjetividad, individua, determina y compele a ciertas prácticas cuyo fin último juega en el campo de la reproducción social tomada en general (a nivel económico, jurídico, ideológico y político).
Uno de los problemas a que nos enfrentamos hoy surge cuando se crean series o sistemas de informacion mediáticos que se autorrefieren a si mismos como "verdad" y que tratan de ofrecer "la realidad" de una serie de procesos sociales. Cuando el fondo (y la superficie) de la información es puramente político-ideológico los sistemas se vuelven aún más cerrados. Citaré un caso: el 11-M. En este caso asistimos al uso deliberado de la mediocracia para transformar un acontecimiento terrorista en una trama de conspiraciones. La incapacidad del Partido Popular a la hora de impedir los atentados del 11 de Marzo de 2004, así como las causas de este atentado y la gestión que este partido realizó en referencia al mismo evento, ha hecho que sus medios afines y toda su cúpula hayan dado un pistoletazo mediático para tratar de "compensar" sus deficiencias mediante una teoría conspiratoria paranoide que les exculpa totalmente de los hechos. De responsables de un hecho a víctimas de una conjura. El problema es que este modo de proceder ha generado un discurso que se está haciendo hegemónico en ciertas capas (pudientes y no tan pudientes) de la sociedad. También aquí hay que tener cuidado, porque el respaldo mediático, si bien genera opinión y sujección, también tiende a exagerar y representar las cosas de un modo muy grosero, lo cual busca mas producir efectos que otra cosa. Hoy día el Partido Popular borra la línea de lo legal constantemente, funde lo político y lo jurídico, acusa sin pruebas reales, difunde un "credo" que quiere vender como lo común, se dice adalid de la verdad, la libertad y el estado de derecho, cuando ni siquiera se ha referido en términos meramente descriptivos hacia los los referentes de las consignas que utiliza. El uso de estas palabras últimas es un ejercicio de retórica banalizador, confunde y hace vago todo un entramado de instituciones, permite juzgar la sociedad conforme a una credo asumido acríticamente, de un modo irreflexivo y sobre todo permite minar cualquier propuesta que no tenga que ver con lo que promulga un partido concreto.
Hace poco el señor Zaplana habló de justicia de partido en el congreso refiriéndose al PSOE. Ese término, que en absoluto definió, puede usarse muy bien para describir lo que su partido entiende por justicia. Un partido que veta derechos a gente por sus diferencias sexuales, un partido que busca imponer un credo (católico) a sus acólitos, que exalta un nacionalismo cuasi-fascista y un espiritu de identidad aplastante, un partido así ¿que tipo de justicia hace sino la suya propia? ¿cómo puede un partido así acercarse a las diferencias que constituyen y dan vida a la sociedad? ¿cómo a sus problemas? no olvidemos que no han hecho una sola propuesta en años, salvo llevar la contraria al PSOE (un partido la verdad con muy pocas propuestas) y que encima ha producido una serie de manipulaciones mediáticas (claro, tenemos una dictadura a nuestras espaldas y hay caldo de cultivo) que imposibilitan a la ciudadanía ejercer cualquier tipo de crítica (el propio sistema socioeconómico lo impide aún mas). Justicia de partido es lo que busca el Partido Popular.
Lo problemático de esto es que, como decía Spinoza, de un discurso falso se siguen tantos efectos como de un discurso verdadero, con la misma necesidad. También es cierto que la falsedad provoca impotencia, y por ello la sucia cristiandad sella con su enmohecida imaginería las miserias de un partido mediocre como pocos.
Nos queda hacer que lo verdadero se indique a sí mismo y a lo falso, desbrozar ideología y poder para producir una salida a la ignorancia, la impotencia y la servidumbre.
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