viernes 16 de marzo de 2007

Sobre la Iglesia y sus bondades

Debería estar prohibido tanto traficar con narcóticos sociales como con esperanzas. Heiner Müller, gran dramaturgo alemán y alumno de Bertolt Brecht así lo veía. No le faltaba razón. Sin embargo este tráfico de estupefacientes sigue en aumento en diversos formatos, uno de los peores el cuerpo dogmático de la Santa Iglesia Católica, con toda su pompa y jerarquía, el cual nunca ha dejado de intervenir en la vida pública con toda una serie de prácticas ideológicas, sociales y políticas. Su venta de opio siempre ha estado al día. Hoy nos hallamos inmersos en un escenario de reacción que la Iglesia ha diseñado para "afrontar" las variaciones sociales y culturales de las sociedades contemporáneas (modos nuevos de vida, aceptación de antiguos agentes sociales que se excluían, renovación del concepto de familia...) a nivel global. De repente la Iglesia ha hecho de su reacción un credo de activismo. Benedicto XVI mencionaba hace un par de días que había que realizar una "lucha ideológica" por diversos motivos: "La defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos". Si hacemos una lectura de esta declaración mostrando lo que tratan de decir realmente y lo que excluyen sus proposiciones en el mismo acto de enunciar lo que desean tenemos lo que sigue: "La defensa de la vida humana tal y como la concibe la Iglesia, otras no valen (las alusiones a la naturalidad estaban bien cuando vivía Aristóteles y la Escuela funcionaba, hoy ya no), la familia fundada en la heterosexualidad y excluyendo toda posibilidad de formar parte de ella aquellos que son anormales (el canon de normalidad que uso es el eclesiástico), la libertad, o mejor, la obligación de educar a los hijos conforme a los dogmas de la Iglesia".

Respecto a esta última proposición que menciona la palabra libertad cabe decir varias cosas. Hoy asistimos a una banalización de que es la libertad o que entendemos por libertad. Muchas manifestaciones hablan de libertad en sus pancartas y sin embargo no se nos dice a que tipo de libertad hacen referencia. La Iglesia, como es obvio, remite en sus panfletos a una libertad que excluye todo aquello que no entra dentro del molde dogmático de sus creencias, es decir, algo que creo se opone radicalmente a lo que desde la Ilustración (esa que por desgracia no se quedó lo suficiente en España) se entiende por libertad. No me interesa hacer una defensa de la noción de libertad ilustrada, no estoy de acuerdo con sus postulados sobre la autonomía, la conciencia (o sujeto) y el estado, pero si me interesa que no se banalice algo por lo que muchos han muerto (incluso algunos sacerdotes y monjas en américa latina, practicando esa teología que tanto miedo da a la pompa eclesial europea). Si por libertad entendemos la creación de un canon regulativo de la realidad social conforme a un ideario tradicional me parece que lo que hacemos es encubrir una verdad: que lo que se defiende es la Tradición, lo cual se opone punto por punto a una libertad de carácter compartido. Esta noción de Tradición no toma en cuenta al otro, a aquel que no es de la pertenencia de su fe, puesto que en tanto que el grupo afirma su voluntad de unidad no puede dejar sino de excluir aquello que mina dicha unidad (imaginaria) que parece poseer. Así la Iglesia se comprende a sí misma en el repudio de lo diferente, subordinándolo a una falsa racionalización (son anormales) o negándolo (no existen los diferentes, como en el mecanismo de la histeria).

También hoy muchos españoles se comprenden a sí mismos desde estas persepctivas tradicionales, afirmando la identidad (imaginaria y representada) de un país, afirmando unas costumbres como las "propias" y excluyendo lo que no entra dentro de su visión. Son los útlimos coletazos de un fascismo vivido y que parece resurgir a la llamada de la derecha española del PP. Ellos también hablan de libertad, de esa libertad para aplastar lo dieferente, para negar derechos a los que los necesitan, para comerciar y continuar con la explotación del tercer mundo. En esto último se dan la mano con el PSOE.

La libertad en manos de la derecha y la Iglesia cobra un carácter exclusivo, en absoluto integrador. Y si integra es al precio de la desigualdad y la diferencia negativa.

Es sintomático que hoy, en este santo país, una sarta de curas pueda vetar unas fotos porque les ofenden. Además acudiendo a argumentos como la blasfemia, el respeto y su libertad de creencia, cuando ellos no respetan en absoluto la diferencia e imponen a todas las conciencias un "sentido de la vida", escatología que no es más que este mismo término en distinta acepción: una excrección. Una maldita mierda.

Aquellos que llaman a la lucha ideológica deberían tener cuidado, porque en este país no solo late la sangre de una única tradición, por mucho que Franco (ese hijo de puta) tratase de destruirla. Hay un latido en España que vio nacer, crecer y organizarse al anarquismo, al anticlericalismo y a un pensamiento diferente de izquierdas, una corriente de cooperación y lucha más que una tradición. Y hay un momento en que la libertad, cuando es pisoteada y destruida, llama a su defensa, sobre todo en el renacimiento de los gestos fascistas. Entonces las voluntades chocan, porque no admiten diálogo posible.

No vaya a ser que de repente, un día, la bomba que ellos mismos encienden les explote entre las manos.

1 comentarios:

Gustavo dijo...

Hoy que tanto alboroto montan con los de las fotos porno y la película de Paz Vega, yo me permitiría recordarles que en literatura española no hay nada más erótico que la mística castellana de san Juan y santa Teresa, y el Cantar de los cantares: libros muy hermosos y muy religiosos; y anoto que Ratzinger hubiera censurado y hasta prohibido estas maravillas literarias. Total, a mí si me ofende algunas cosas que hacen.