jueves 8 de marzo de 2007

¿El día de qué mujer?

A Sheila

Hoy quiere celebrarse el día de la mujer trabajadora a nivel mundial, un día que hunde sus raíces en las luchas de los movimientos feministas y obreros: su espacio de gestación fue el marco de la Segunda Internacional obrera (1910). No obstante, y pese a la importancia de este evento en el proceso de consolidación del sufragio universal femenino, el derecho a la igualdad y la reivindicación de la mujer como agente social real, hoy esta celebración parece ensombrecerse por un estado de cosas bastante hipócrita. El día de la mujer trabajadora parece hoy una pantomima, un mero teatro para los buenos sentimientos. Lo primero que hoy se pone en entredicho respecto a este día es su grado de "internacionalismo". Podemos arriesgarnos sin quemarnos las manos a decir que este día es hoy un día de tipo "occidental" y relativo a los gobiernos que mantienen un estado de bienestar más o menos sotenible (con un poder económico saludable o estable) impregnados, directa o indirectamente, por la ilustración y el carácter reivindicador de los movimientos obreros y sociales (Francia, Alemania, E.E.U.U., Inglaterra, Holanda, España en menor medida...) más que un día internacional y relativo a todos los pueblos. El sistema capitalista puede hacer "excepciones" en el mundo desarrollado (si es que este día constituye en grado alguno una excepción, por lo cual yo no apostaría), pero en los países en vías de desarrollo y en en los subdesarrollados el día de la mujer probablemente no es más que un eco, lejana reverberación, de una pasión occidental.

En los países relativamente desarrollados en los que el día de la mujer tiene lugar, éste queda reducido a un extraño juego representativo, poco reivindicativo e incluso comercial (el capitalismo ha aprendido ha sacar su parte de cualquier cosa). Si encima se habla de España la hipocresía está servida. Aquí el teatro (¡ y que teatro!) se ha hecho con la calle. Muchos hogares españoles viven este día como una especie de pseudo-san-valentín, dónde a la Mujer (uso el término representativamente) ha de quitársele un poco el peso del hogar o del trabajo (invitar a una cena es una compensación) y, por supuesto, ha de recibir un obsequio en gratitud a sus esfuerzos (preparado a su hora en el lugar adecuado, el centro comercial). Algunos juegan a la inversión de ciertos roles, otros al magnífico premio merecido. Otras personas, más ilustradas, reivindican el día como una conquista en el proceso de liberación de la mujer de la tutela patriarcal, tratando de ofrecer una lectura del día positiva aún cuando muchos acontecimientos lo empañan. No obstante los efectos de las "grandes reivindicaciones" ultra representadas por la mediocracy acaban por convertir el día en fast food visual, es decir, en la creación de una conciencia efímera. Por suerte hay más gente, mujeres y también hombres, que trabajan día a día en esta igualdad, la cual parte de la comprensión cotidiana de eso singular que todos somos, del respeto y el entendimiento de la capacidad de agente social que todos tenemos, sin distinciones sexuales, público-privadas, por tanto, sin discriminaciones. Esta gente celebra hoy el día, pero no deja de celebrarlo a diario, es decir, de realizarlo.

Las celebraciones se convierten en monumentos de un pasado glorioso cuando lo que les da vida, la acción de mujeres y hombres que ponen de manifiesto sus ideas y compromisos, su cuerpo, no ofrece lugar de efectuación. Entonces solo queda la memoria, solo queda celebrarlo.

Hoy día la (des)memoria mediática engulle este día como cualquier otro evento. No dejemos que más teatros nos vivan en los medios, la calle, en casa o en el trabajo. Dejemos de representar y actuemos de un modo práctico por lo que a todos nos va en ello: una vida en común a nivel global digna, libre, no asedidada, como lo está hoy en casi todo el mundo, por la muerte, la desigualdad y la pobreza.

3 comentarios:

Gustavo dijo...

En todo de acuerdo: de hecho, coincidimos en casi todo... Te apunto algo más: hipocritamente, como bien dices, en la mediocracia, como bien llamas, se ha prsentado el triunfo femenino en la forma de las super-woman: esa mujer que ha triunfado en la empresa, cuida sus hijos y lleva su casa... Una atrocidad y una traición al espíritu del día en sí: pues es un producto elaborado por el machismo-capitalismo; y hemos de redundar: mujer, y TRABAJADORA, dentro de la cuál, para mí, entra ama de casa: hasta que no digan que ama de casa es un oficio, yo no reconozco "torero" como oficio.

Erika de la dijo...

ídem de ídem...sólo recalcaría el adjetivo que acompaña el estandarte de este día, como bien apunta Gustavo. Me pregunto por qué esa coletilla de trabajadora; si se refiere a que este día se dedica exclusivamente a las mujeres económicamente independientes, quedando fuera las "mujeres de su casa", llamadas marujas (por mi parte no despectivamente) que a pesar de no tener nómina a fin de mes son dignas igualmente de este día por el esfuerzo y la dedicación diarias (no serán trabajadoras remuneradas pero son luchadoras igualmente) entonces la conmemoración de este día tristemente es, una vez más, la instigación encubierta a mantener todo un dispositivo económico y social. Si por el contrario, en ese apelativo de "trabajadora" se admiten a todas las mujeres que han "currado" por el sufragio y la igualdad a todos los niveles, el apelativo sobra, o al menos resulta redundante y en cualquier caso habría también que incluir a un gran número de hombres en pro de ésa lucha.
Ciertamente ni una ni otra me convencen y pienso que todavía queda mucho "trabajo" por hacer, tanto por parte del hombre como de la mujer. Y para eso no creo que este tipo de conmemoraciones cínicas y/o propangandistas contribuyan mucho a la causa. Espero que en el futuro este día desaparezca, y eso signifique que hemos llegado a la igualdad que siempre debió existir.
un saludo a los dos

Mario Espinoza dijo...

Estoy de acuerdo con lo que decís, pero me gustaría poner de relieve, siguiendo a Erika, la labor reproductora de la fuerza de trabajo (a nivel afectivo, de cuidado de hijos, actividades domésticas...)que la mujer lleva a cabo en el "ámbito privado" pero que viene determinada por un sentido común machista y tradicionalista (regido por costumbres públicas). Eso no sólo es trabajo, sino que es uno de las bases sobre las que ha pivotado un sistema socio-económico durante muchos años, y cuyos efectos ahora percibimos con nitidez. La destrucción de un sistema de valores tradicionalista tanto por los movimientos feministas como por el capitalismo actual está produciendo efectos dispares en las relaciones sociales muy diversos y de diferente calado: por un lado amyor independencia y menor sujección al hogar, por otro reacciones de carácter machista ante estos fenómenos (maltrato, sueldos por debajo del salario pagado a hombres, trato discriminatorio...) hay que seguir luchando mucho para que acabe de una vez la hegemonía del machismo-fascismo que se nos ha impuesto desde la historia.