En la distancia respiro tu cuerpo.
Mis manos son habla de fuego
restallar de aliento
lugar de sed.
Quisiera anochecer la noche
en el latido de tu vulva
habitarte la piel
en el instante
plenitud del ahora.
Romper la tarde en el borde de tu boca.
Amor.
Mario Espinoza
viernes 10 de agosto de 2007
lunes 23 de julio de 2007
Mudanza...
Me mudo a estas dos direcciones:
www.cuadernoi.blogspot.com
www.cuadernoii.blogspot.com
seguiremos viéndonos entre palabras...
un abrazo
Mario
www.cuadernoi.blogspot.com
www.cuadernoii.blogspot.com
seguiremos viéndonos entre palabras...
un abrazo
Mario
viernes 16 de marzo de 2007
Sobre la Iglesia y sus bondades
Debería estar prohibido tanto traficar con narcóticos sociales como con esperanzas. Heiner Müller, gran dramaturgo alemán y alumno de Bertolt Brecht así lo veía. No le faltaba razón. Sin embargo este tráfico de estupefacientes sigue en aumento en diversos formatos, uno de los peores el cuerpo dogmático de la Santa Iglesia Católica, con toda su pompa y jerarquía, el cual nunca ha dejado de intervenir en la vida pública con toda una serie de prácticas ideológicas, sociales y políticas. Su venta de opio siempre ha estado al día. Hoy nos hallamos inmersos en un escenario de reacción que la Iglesia ha diseñado para "afrontar" las variaciones sociales y culturales de las sociedades contemporáneas (modos nuevos de vida, aceptación de antiguos agentes sociales que se excluían, renovación del concepto de familia...) a nivel global. De repente la Iglesia ha hecho de su reacción un credo de activismo. Benedicto XVI mencionaba hace un par de días que había que realizar una "lucha ideológica" por diversos motivos: "La defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos". Si hacemos una lectura de esta declaración mostrando lo que tratan de decir realmente y lo que excluyen sus proposiciones en el mismo acto de enunciar lo que desean tenemos lo que sigue: "La defensa de la vida humana tal y como la concibe la Iglesia, otras no valen (las alusiones a la naturalidad estaban bien cuando vivía Aristóteles y la Escuela funcionaba, hoy ya no), la familia fundada en la heterosexualidad y excluyendo toda posibilidad de formar parte de ella aquellos que son anormales (el canon de normalidad que uso es el eclesiástico), la libertad, o mejor, la obligación de educar a los hijos conforme a los dogmas de la Iglesia".
Respecto a esta última proposición que menciona la palabra libertad cabe decir varias cosas. Hoy asistimos a una banalización de que es la libertad o que entendemos por libertad. Muchas manifestaciones hablan de libertad en sus pancartas y sin embargo no se nos dice a que tipo de libertad hacen referencia. La Iglesia, como es obvio, remite en sus panfletos a una libertad que excluye todo aquello que no entra dentro del molde dogmático de sus creencias, es decir, algo que creo se opone radicalmente a lo que desde la Ilustración (esa que por desgracia no se quedó lo suficiente en España) se entiende por libertad. No me interesa hacer una defensa de la noción de libertad ilustrada, no estoy de acuerdo con sus postulados sobre la autonomía, la conciencia (o sujeto) y el estado, pero si me interesa que no se banalice algo por lo que muchos han muerto (incluso algunos sacerdotes y monjas en américa latina, practicando esa teología que tanto miedo da a la pompa eclesial europea). Si por libertad entendemos la creación de un canon regulativo de la realidad social conforme a un ideario tradicional me parece que lo que hacemos es encubrir una verdad: que lo que se defiende es la Tradición, lo cual se opone punto por punto a una libertad de carácter compartido. Esta noción de Tradición no toma en cuenta al otro, a aquel que no es de la pertenencia de su fe, puesto que en tanto que el grupo afirma su voluntad de unidad no puede dejar sino de excluir aquello que mina dicha unidad (imaginaria) que parece poseer. Así la Iglesia se comprende a sí misma en el repudio de lo diferente, subordinándolo a una falsa racionalización (son anormales) o negándolo (no existen los diferentes, como en el mecanismo de la histeria).
También hoy muchos españoles se comprenden a sí mismos desde estas persepctivas tradicionales, afirmando la identidad (imaginaria y representada) de un país, afirmando unas costumbres como las "propias" y excluyendo lo que no entra dentro de su visión. Son los útlimos coletazos de un fascismo vivido y que parece resurgir a la llamada de la derecha española del PP. Ellos también hablan de libertad, de esa libertad para aplastar lo dieferente, para negar derechos a los que los necesitan, para comerciar y continuar con la explotación del tercer mundo. En esto último se dan la mano con el PSOE.
La libertad en manos de la derecha y la Iglesia cobra un carácter exclusivo, en absoluto integrador. Y si integra es al precio de la desigualdad y la diferencia negativa.
Es sintomático que hoy, en este santo país, una sarta de curas pueda vetar unas fotos porque les ofenden. Además acudiendo a argumentos como la blasfemia, el respeto y su libertad de creencia, cuando ellos no respetan en absoluto la diferencia e imponen a todas las conciencias un "sentido de la vida", escatología que no es más que este mismo término en distinta acepción: una excrección. Una maldita mierda.
Aquellos que llaman a la lucha ideológica deberían tener cuidado, porque en este país no solo late la sangre de una única tradición, por mucho que Franco (ese hijo de puta) tratase de destruirla. Hay un latido en España que vio nacer, crecer y organizarse al anarquismo, al anticlericalismo y a un pensamiento diferente de izquierdas, una corriente de cooperación y lucha más que una tradición. Y hay un momento en que la libertad, cuando es pisoteada y destruida, llama a su defensa, sobre todo en el renacimiento de los gestos fascistas. Entonces las voluntades chocan, porque no admiten diálogo posible.
No vaya a ser que de repente, un día, la bomba que ellos mismos encienden les explote entre las manos.
Respecto a esta última proposición que menciona la palabra libertad cabe decir varias cosas. Hoy asistimos a una banalización de que es la libertad o que entendemos por libertad. Muchas manifestaciones hablan de libertad en sus pancartas y sin embargo no se nos dice a que tipo de libertad hacen referencia. La Iglesia, como es obvio, remite en sus panfletos a una libertad que excluye todo aquello que no entra dentro del molde dogmático de sus creencias, es decir, algo que creo se opone radicalmente a lo que desde la Ilustración (esa que por desgracia no se quedó lo suficiente en España) se entiende por libertad. No me interesa hacer una defensa de la noción de libertad ilustrada, no estoy de acuerdo con sus postulados sobre la autonomía, la conciencia (o sujeto) y el estado, pero si me interesa que no se banalice algo por lo que muchos han muerto (incluso algunos sacerdotes y monjas en américa latina, practicando esa teología que tanto miedo da a la pompa eclesial europea). Si por libertad entendemos la creación de un canon regulativo de la realidad social conforme a un ideario tradicional me parece que lo que hacemos es encubrir una verdad: que lo que se defiende es la Tradición, lo cual se opone punto por punto a una libertad de carácter compartido. Esta noción de Tradición no toma en cuenta al otro, a aquel que no es de la pertenencia de su fe, puesto que en tanto que el grupo afirma su voluntad de unidad no puede dejar sino de excluir aquello que mina dicha unidad (imaginaria) que parece poseer. Así la Iglesia se comprende a sí misma en el repudio de lo diferente, subordinándolo a una falsa racionalización (son anormales) o negándolo (no existen los diferentes, como en el mecanismo de la histeria).
También hoy muchos españoles se comprenden a sí mismos desde estas persepctivas tradicionales, afirmando la identidad (imaginaria y representada) de un país, afirmando unas costumbres como las "propias" y excluyendo lo que no entra dentro de su visión. Son los útlimos coletazos de un fascismo vivido y que parece resurgir a la llamada de la derecha española del PP. Ellos también hablan de libertad, de esa libertad para aplastar lo dieferente, para negar derechos a los que los necesitan, para comerciar y continuar con la explotación del tercer mundo. En esto último se dan la mano con el PSOE.
La libertad en manos de la derecha y la Iglesia cobra un carácter exclusivo, en absoluto integrador. Y si integra es al precio de la desigualdad y la diferencia negativa.
Es sintomático que hoy, en este santo país, una sarta de curas pueda vetar unas fotos porque les ofenden. Además acudiendo a argumentos como la blasfemia, el respeto y su libertad de creencia, cuando ellos no respetan en absoluto la diferencia e imponen a todas las conciencias un "sentido de la vida", escatología que no es más que este mismo término en distinta acepción: una excrección. Una maldita mierda.
Aquellos que llaman a la lucha ideológica deberían tener cuidado, porque en este país no solo late la sangre de una única tradición, por mucho que Franco (ese hijo de puta) tratase de destruirla. Hay un latido en España que vio nacer, crecer y organizarse al anarquismo, al anticlericalismo y a un pensamiento diferente de izquierdas, una corriente de cooperación y lucha más que una tradición. Y hay un momento en que la libertad, cuando es pisoteada y destruida, llama a su defensa, sobre todo en el renacimiento de los gestos fascistas. Entonces las voluntades chocan, porque no admiten diálogo posible.
No vaya a ser que de repente, un día, la bomba que ellos mismos encienden les explote entre las manos.
jueves 8 de marzo de 2007
¿El día de qué mujer?
A Sheila
Hoy quiere celebrarse el día de la mujer trabajadora a nivel mundial, un día que hunde sus raíces en las luchas de los movimientos feministas y obreros: su espacio de gestación fue el marco de la Segunda Internacional obrera (1910). No obstante, y pese a la importancia de este evento en el proceso de consolidación del sufragio universal femenino, el derecho a la igualdad y la reivindicación de la mujer como agente social real, hoy esta celebración parece ensombrecerse por un estado de cosas bastante hipócrita. El día de la mujer trabajadora parece hoy una pantomima, un mero teatro para los buenos sentimientos. Lo primero que hoy se pone en entredicho respecto a este día es su grado de "internacionalismo". Podemos arriesgarnos sin quemarnos las manos a decir que este día es hoy un día de tipo "occidental" y relativo a los gobiernos que mantienen un estado de bienestar más o menos sotenible (con un poder económico saludable o estable) impregnados, directa o indirectamente, por la ilustración y el carácter reivindicador de los movimientos obreros y sociales (Francia, Alemania, E.E.U.U., Inglaterra, Holanda, España en menor medida...) más que un día internacional y relativo a todos los pueblos. El sistema capitalista puede hacer "excepciones" en el mundo desarrollado (si es que este día constituye en grado alguno una excepción, por lo cual yo no apostaría), pero en los países en vías de desarrollo y en en los subdesarrollados el día de la mujer probablemente no es más que un eco, lejana reverberación, de una pasión occidental.
En los países relativamente desarrollados en los que el día de la mujer tiene lugar, éste queda reducido a un extraño juego representativo, poco reivindicativo e incluso comercial (el capitalismo ha aprendido ha sacar su parte de cualquier cosa). Si encima se habla de España la hipocresía está servida. Aquí el teatro (¡ y que teatro!) se ha hecho con la calle. Muchos hogares españoles viven este día como una especie de pseudo-san-valentín, dónde a la Mujer (uso el término representativamente) ha de quitársele un poco el peso del hogar o del trabajo (invitar a una cena es una compensación) y, por supuesto, ha de recibir un obsequio en gratitud a sus esfuerzos (preparado a su hora en el lugar adecuado, el centro comercial). Algunos juegan a la inversión de ciertos roles, otros al magnífico premio merecido. Otras personas, más ilustradas, reivindican el día como una conquista en el proceso de liberación de la mujer de la tutela patriarcal, tratando de ofrecer una lectura del día positiva aún cuando muchos acontecimientos lo empañan. No obstante los efectos de las "grandes reivindicaciones" ultra representadas por la mediocracy acaban por convertir el día en fast food visual, es decir, en la creación de una conciencia efímera. Por suerte hay más gente, mujeres y también hombres, que trabajan día a día en esta igualdad, la cual parte de la comprensión cotidiana de eso singular que todos somos, del respeto y el entendimiento de la capacidad de agente social que todos tenemos, sin distinciones sexuales, público-privadas, por tanto, sin discriminaciones. Esta gente celebra hoy el día, pero no deja de celebrarlo a diario, es decir, de realizarlo.
Las celebraciones se convierten en monumentos de un pasado glorioso cuando lo que les da vida, la acción de mujeres y hombres que ponen de manifiesto sus ideas y compromisos, su cuerpo, no ofrece lugar de efectuación. Entonces solo queda la memoria, solo queda celebrarlo.
Hoy día la (des)memoria mediática engulle este día como cualquier otro evento. No dejemos que más teatros nos vivan en los medios, la calle, en casa o en el trabajo. Dejemos de representar y actuemos de un modo práctico por lo que a todos nos va en ello: una vida en común a nivel global digna, libre, no asedidada, como lo está hoy en casi todo el mundo, por la muerte, la desigualdad y la pobreza.
Hoy quiere celebrarse el día de la mujer trabajadora a nivel mundial, un día que hunde sus raíces en las luchas de los movimientos feministas y obreros: su espacio de gestación fue el marco de la Segunda Internacional obrera (1910). No obstante, y pese a la importancia de este evento en el proceso de consolidación del sufragio universal femenino, el derecho a la igualdad y la reivindicación de la mujer como agente social real, hoy esta celebración parece ensombrecerse por un estado de cosas bastante hipócrita. El día de la mujer trabajadora parece hoy una pantomima, un mero teatro para los buenos sentimientos. Lo primero que hoy se pone en entredicho respecto a este día es su grado de "internacionalismo". Podemos arriesgarnos sin quemarnos las manos a decir que este día es hoy un día de tipo "occidental" y relativo a los gobiernos que mantienen un estado de bienestar más o menos sotenible (con un poder económico saludable o estable) impregnados, directa o indirectamente, por la ilustración y el carácter reivindicador de los movimientos obreros y sociales (Francia, Alemania, E.E.U.U., Inglaterra, Holanda, España en menor medida...) más que un día internacional y relativo a todos los pueblos. El sistema capitalista puede hacer "excepciones" en el mundo desarrollado (si es que este día constituye en grado alguno una excepción, por lo cual yo no apostaría), pero en los países en vías de desarrollo y en en los subdesarrollados el día de la mujer probablemente no es más que un eco, lejana reverberación, de una pasión occidental.
En los países relativamente desarrollados en los que el día de la mujer tiene lugar, éste queda reducido a un extraño juego representativo, poco reivindicativo e incluso comercial (el capitalismo ha aprendido ha sacar su parte de cualquier cosa). Si encima se habla de España la hipocresía está servida. Aquí el teatro (¡ y que teatro!) se ha hecho con la calle. Muchos hogares españoles viven este día como una especie de pseudo-san-valentín, dónde a la Mujer (uso el término representativamente) ha de quitársele un poco el peso del hogar o del trabajo (invitar a una cena es una compensación) y, por supuesto, ha de recibir un obsequio en gratitud a sus esfuerzos (preparado a su hora en el lugar adecuado, el centro comercial). Algunos juegan a la inversión de ciertos roles, otros al magnífico premio merecido. Otras personas, más ilustradas, reivindican el día como una conquista en el proceso de liberación de la mujer de la tutela patriarcal, tratando de ofrecer una lectura del día positiva aún cuando muchos acontecimientos lo empañan. No obstante los efectos de las "grandes reivindicaciones" ultra representadas por la mediocracy acaban por convertir el día en fast food visual, es decir, en la creación de una conciencia efímera. Por suerte hay más gente, mujeres y también hombres, que trabajan día a día en esta igualdad, la cual parte de la comprensión cotidiana de eso singular que todos somos, del respeto y el entendimiento de la capacidad de agente social que todos tenemos, sin distinciones sexuales, público-privadas, por tanto, sin discriminaciones. Esta gente celebra hoy el día, pero no deja de celebrarlo a diario, es decir, de realizarlo.
Las celebraciones se convierten en monumentos de un pasado glorioso cuando lo que les da vida, la acción de mujeres y hombres que ponen de manifiesto sus ideas y compromisos, su cuerpo, no ofrece lugar de efectuación. Entonces solo queda la memoria, solo queda celebrarlo.
Hoy día la (des)memoria mediática engulle este día como cualquier otro evento. No dejemos que más teatros nos vivan en los medios, la calle, en casa o en el trabajo. Dejemos de representar y actuemos de un modo práctico por lo que a todos nos va en ello: una vida en común a nivel global digna, libre, no asedidada, como lo está hoy en casi todo el mundo, por la muerte, la desigualdad y la pobreza.
miércoles 7 de marzo de 2007
Notas sobre el presente (sobre la mediocracia)
"Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir, claras y distintas"
B. Spinoza, Ética, Proposición XXXVI, Parte II.
Hoy día nos cuesta mucho hender lo cotidiano. Nos es dificil abrir en su efímera consistencia una brecha o fractura que nos permita comprender que es eso que, en nosotros y a nuestro alrededor, se sucede día a día. La visión de todo hombre siempre ha estado mediada, estructurada, por una serie de elementos de diferente naturaleza que han determinado la óptica y el espacio dónde la mirada se vierte, siendo la correlación de estos lugares (la visión, sus reglas - el espacio de la visión) muy íntima. No puede ser de otra manera: vemos a través de, no hay mirada pura. Hoy sabemos bien (aunque algunos olviden) que aquello que determina nuestro modo de enfocar las cosas suele excluir, como punto ciego, ciertos objetos otros que nuestra pupila no está dispuesta a aceptar, ello por razones muy diversas y muchas veces de carácter inconsciente.
En la actualidad nos hallamos en una circunstacia singular respecto a la mirada. La mirada se construye a través de cierta opinión que es vertida a la sociedad a través de los medios de comunicación, constituyendo el mensaje de estos dispositivos de creación-selección-distribución de información una de las piezas centrales del sostenimiento de un orden socio-económico específico, pero a la vez, en tanto que determinantes de nuestro mirar, la información reverbera en el modo en que los hombres se perciben a sí mismos en un sistema social dado. Los odios, las sorpresas, las alegrías y los crimenes son servidos en periódicos, televisiones y ordenadores para proyectar un tipo concreto de subjetividad, para realizar la información en un tipo de sujección: el sujetamiento a los criterios de opinión comunes, ese tan laureado sentido común. La información mediática, en tanto que principal mediación frente a la realidad social y su posible conocimiento, juega tanto como ámbito productivo-reproductivo de la sociedad capitalista a la vez que genera modos de individuación-sujección específicos, relacionados tanto con las estrategias de mercado como con los avatares de la política nacional e internacional. Este modo de proceder ideológico liga las prácticas sociales de los individuos a todo un flujo opinante que no cesa de repetir consignas que permitan el reconocimiento, la identidad grupal y el prestigio dentro de una clase o grupo con cierta estratificación en su poder, pero nunca permiten ningún tipo de abordaje cognoscitivo de la realidad social minimamente científico. De hecho el término "científico" es una de las consignas más usadas en todo medio de información, cuyo efecto más típico es de la aceptación irreflexiva de cualquier proposición que venga revestida con dicho vocablo. Lo cual es signo de la estima (ignorante) hacia un grupo social (los científicos) sobre el que se desconce totalmente su proceder, sus problemas y recursos.
La función de las palabras, imágenes y melodías en los contextos informativos suelen tener siempre una carácter marcadamente ideológico, es decir, producen efectos que interpelan a los sujetos, los cuales asentirán de un modo mas o menos consciente la información-publicidad servida, reconociéndose en ella. Este reconocimiento es productor de subjetividad, individua, determina y compele a ciertas prácticas cuyo fin último juega en el campo de la reproducción social tomada en general (a nivel económico, jurídico, ideológico y político).
Uno de los problemas a que nos enfrentamos hoy surge cuando se crean series o sistemas de informacion mediáticos que se autorrefieren a si mismos como "verdad" y que tratan de ofrecer "la realidad" de una serie de procesos sociales. Cuando el fondo (y la superficie) de la información es puramente político-ideológico los sistemas se vuelven aún más cerrados. Citaré un caso: el 11-M. En este caso asistimos al uso deliberado de la mediocracia para transformar un acontecimiento terrorista en una trama de conspiraciones. La incapacidad del Partido Popular a la hora de impedir los atentados del 11 de Marzo de 2004, así como las causas de este atentado y la gestión que este partido realizó en referencia al mismo evento, ha hecho que sus medios afines y toda su cúpula hayan dado un pistoletazo mediático para tratar de "compensar" sus deficiencias mediante una teoría conspiratoria paranoide que les exculpa totalmente de los hechos. De responsables de un hecho a víctimas de una conjura. El problema es que este modo de proceder ha generado un discurso que se está haciendo hegemónico en ciertas capas (pudientes y no tan pudientes) de la sociedad. También aquí hay que tener cuidado, porque el respaldo mediático, si bien genera opinión y sujección, también tiende a exagerar y representar las cosas de un modo muy grosero, lo cual busca mas producir efectos que otra cosa. Hoy día el Partido Popular borra la línea de lo legal constantemente, funde lo político y lo jurídico, acusa sin pruebas reales, difunde un "credo" que quiere vender como lo común, se dice adalid de la verdad, la libertad y el estado de derecho, cuando ni siquiera se ha referido en términos meramente descriptivos hacia los los referentes de las consignas que utiliza. El uso de estas palabras últimas es un ejercicio de retórica banalizador, confunde y hace vago todo un entramado de instituciones, permite juzgar la sociedad conforme a una credo asumido acríticamente, de un modo irreflexivo y sobre todo permite minar cualquier propuesta que no tenga que ver con lo que promulga un partido concreto.
Hace poco el señor Zaplana habló de justicia de partido en el congreso refiriéndose al PSOE. Ese término, que en absoluto definió, puede usarse muy bien para describir lo que su partido entiende por justicia. Un partido que veta derechos a gente por sus diferencias sexuales, un partido que busca imponer un credo (católico) a sus acólitos, que exalta un nacionalismo cuasi-fascista y un espiritu de identidad aplastante, un partido así ¿que tipo de justicia hace sino la suya propia? ¿cómo puede un partido así acercarse a las diferencias que constituyen y dan vida a la sociedad? ¿cómo a sus problemas? no olvidemos que no han hecho una sola propuesta en años, salvo llevar la contraria al PSOE (un partido la verdad con muy pocas propuestas) y que encima ha producido una serie de manipulaciones mediáticas (claro, tenemos una dictadura a nuestras espaldas y hay caldo de cultivo) que imposibilitan a la ciudadanía ejercer cualquier tipo de crítica (el propio sistema socioeconómico lo impide aún mas). Justicia de partido es lo que busca el Partido Popular.
Lo problemático de esto es que, como decía Spinoza, de un discurso falso se siguen tantos efectos como de un discurso verdadero, con la misma necesidad. También es cierto que la falsedad provoca impotencia, y por ello la sucia cristiandad sella con su enmohecida imaginería las miserias de un partido mediocre como pocos.
Nos queda hacer que lo verdadero se indique a sí mismo y a lo falso, desbrozar ideología y poder para producir una salida a la ignorancia, la impotencia y la servidumbre.
viernes 16 de febrero de 2007
Hang the Dj
" Burn down the disco
Hang the blessed Dj
Because the music that they constantly play
IT SAYS NOTHING TO ME ABOUT MY LIFE... "
Panic, The Smiths
Hoy día suele vendérsenos el slogan de que la imagen, el lenguaje y la música habrían superado, tras una etapa de pretendida inmadurez, las trabas que los encadenaban a otros espacios de discurso y acción. El peso de estas cadenas habría sido enorme durante varios siglos - desde antes de la modernidad hasta hoy, fin supuesto de dicha época - en los que la política, la realidad representada, los movimientos sociales, los intereses constituidos y la subjetividad del artista poseían el poder de delimitar las líneas por las que la creación estética había de circular, tanto creativa como interpretativamente. La muerte de Dios augurada por el martillo nietzscheano querría haber puesto fin, junto con la crítica económico-política de Marx y el descubrimiento freudiano del inconsciente, a la última ilusión de la modernidad fuerte: la imagen mítica de la subjetividad como un trascendental constituyente atravesado de espontaneidad. En el campo de la estética esta muerte de Dios (y del sujeto) se solapará con la muerte del artista en tanto donador de un sentido originario revestido de autenticidad a sus producciones: acecerá la muerte del artista por y para su obra.
Esta última muerte (petit morte para algunos) abriría la obra de arte al libre juego interpretativo, dónde cualquier forma de solidificación de sentido no sería más que parte de una dinámica transitoria e inagotable: movimiento infinito constitutivo del estatuto abierto de la obra, imposible de colmar mediante cualquier discurso que pretenda "cerrar" el flujo de la interpretación.
La muerte de Dios y del Artista permiten la muerte del código padre, de esa ley trascendente a la que lo subordinado tiene que hace referencia, positiva o negativamente, defunción del cánon mediante el cual la mirada ha de vestirse para contemplar la obra. Ya no hay forma privilegiada de "consciencia estética", no hay ley interpretante. O tal vez sí.
Más allá de estos efectos, el arte sigue muy bien delimitado y codificado. Pero habría que entender esta nueva codificación o subordinación del arte a otras leyes no como un efecto "perverso" de la muerte del Artista, sino como la inserción de un signo libre e infinitamente expresivo en una dinámica de poder estético-económico que hasta finales del XIX no había existido: la publicidad. La publicidad subordina lenguaje, imagen y música a las relaciones de producción capitalistas, especialmente en los países cuya fase del capitalismo está centrada en los procesos de consumo. De este modo los elementos estéticos, liberados de la codificación de otras épocas, son inscritos en los flujos económicos de mercado, porporcionando de nuevo una construcción social de la mirada (también creación de consciencia) que responde a una oferta y una demanda imaginarias por parte de la sociedad, pero que se hacen del todo rentables y reales a través del consumo de los productos anunciados y de los cánones más o menos variables que no dejan de ser asumidos, consumidos.
No es ya una dinámica intrínseca o local la que codifica las artes y las formas discursivas (redes de poder surgidas desde el ámbito productivo de las artes) sino una corriente extrínseca la que se apropia de ellos, pero que en dicho apropiarse radicalmente de toda producción no deja de aparecer como algo intrínseco a la circulación del arte y el discurso. Hoy la imagen tiene muy restringido su ámbito de libertad pues aparece casi siempre, y debido al triunfo de la publicidad, como necesitada de explicación, siempre en búsqueda del texto que revele su verdad. Y cuando no es así, la imagen refiere a ese otro lenguaje "más natural" de los gestos, cuyo uso simbólico y comercial muestra a las claras nuestra propia artificialidad humana.
La liberación de la imagen, el lenguaje y la música es falsa en la práctica. Gran parte de la producción cinematográfica, periodística y musical obedece, mediante estudios de mercado, al sostenimiento de la economía capitalista, reproduciendo imaginarios que permiten la dominación, la pasividad y el conformismo. La autorreferencialidad del arte a sí mismo se ha convertido, más allá de ser una estrategia de liberación artística, en el mayor de los placeres pequeñoburgueses. Podemos hablar horas de cosas interesantes sin hacer absolutamente nada. La desconexión del arte de diferentes formas de consciencia social, cultural y política permitió cierta liberación artística, pero resta acercar el arte a la cultura, la política y la sociedad sin la "forma consciencia", mediante la crítica de la propia subjetividad y los efectos que esta forma ha tenido en todos sus proyectos emancipatorios de carácter social. De este modo el arte puede ser liberador.
Hoy día el lenguaje, la imagen y la música no dicen nada de nosotros, dicen que es lo que algunos suponen que queremos ser, pero no muestran en absoluto qué somos o qué podemos. Habrá que prender fuego a la letra, al fotograma y al riff para que el arte se vuelque sobre sí mismo y permita abordar la realidad de un modo potente. Y no se trata de subordinar el arte a la realidad, sino la realidad al arte, a la poiesis creativa de una multitud que ha dejado de creer en fantasmas y confía en su acción transformadora.
Mario Espinoza
Hang the blessed Dj
Because the music that they constantly play
IT SAYS NOTHING TO ME ABOUT MY LIFE... "
Panic, The Smiths
Hoy día suele vendérsenos el slogan de que la imagen, el lenguaje y la música habrían superado, tras una etapa de pretendida inmadurez, las trabas que los encadenaban a otros espacios de discurso y acción. El peso de estas cadenas habría sido enorme durante varios siglos - desde antes de la modernidad hasta hoy, fin supuesto de dicha época - en los que la política, la realidad representada, los movimientos sociales, los intereses constituidos y la subjetividad del artista poseían el poder de delimitar las líneas por las que la creación estética había de circular, tanto creativa como interpretativamente. La muerte de Dios augurada por el martillo nietzscheano querría haber puesto fin, junto con la crítica económico-política de Marx y el descubrimiento freudiano del inconsciente, a la última ilusión de la modernidad fuerte: la imagen mítica de la subjetividad como un trascendental constituyente atravesado de espontaneidad. En el campo de la estética esta muerte de Dios (y del sujeto) se solapará con la muerte del artista en tanto donador de un sentido originario revestido de autenticidad a sus producciones: acecerá la muerte del artista por y para su obra.
Esta última muerte (petit morte para algunos) abriría la obra de arte al libre juego interpretativo, dónde cualquier forma de solidificación de sentido no sería más que parte de una dinámica transitoria e inagotable: movimiento infinito constitutivo del estatuto abierto de la obra, imposible de colmar mediante cualquier discurso que pretenda "cerrar" el flujo de la interpretación.
La muerte de Dios y del Artista permiten la muerte del código padre, de esa ley trascendente a la que lo subordinado tiene que hace referencia, positiva o negativamente, defunción del cánon mediante el cual la mirada ha de vestirse para contemplar la obra. Ya no hay forma privilegiada de "consciencia estética", no hay ley interpretante. O tal vez sí.
Más allá de estos efectos, el arte sigue muy bien delimitado y codificado. Pero habría que entender esta nueva codificación o subordinación del arte a otras leyes no como un efecto "perverso" de la muerte del Artista, sino como la inserción de un signo libre e infinitamente expresivo en una dinámica de poder estético-económico que hasta finales del XIX no había existido: la publicidad. La publicidad subordina lenguaje, imagen y música a las relaciones de producción capitalistas, especialmente en los países cuya fase del capitalismo está centrada en los procesos de consumo. De este modo los elementos estéticos, liberados de la codificación de otras épocas, son inscritos en los flujos económicos de mercado, porporcionando de nuevo una construcción social de la mirada (también creación de consciencia) que responde a una oferta y una demanda imaginarias por parte de la sociedad, pero que se hacen del todo rentables y reales a través del consumo de los productos anunciados y de los cánones más o menos variables que no dejan de ser asumidos, consumidos.
No es ya una dinámica intrínseca o local la que codifica las artes y las formas discursivas (redes de poder surgidas desde el ámbito productivo de las artes) sino una corriente extrínseca la que se apropia de ellos, pero que en dicho apropiarse radicalmente de toda producción no deja de aparecer como algo intrínseco a la circulación del arte y el discurso. Hoy la imagen tiene muy restringido su ámbito de libertad pues aparece casi siempre, y debido al triunfo de la publicidad, como necesitada de explicación, siempre en búsqueda del texto que revele su verdad. Y cuando no es así, la imagen refiere a ese otro lenguaje "más natural" de los gestos, cuyo uso simbólico y comercial muestra a las claras nuestra propia artificialidad humana.
La liberación de la imagen, el lenguaje y la música es falsa en la práctica. Gran parte de la producción cinematográfica, periodística y musical obedece, mediante estudios de mercado, al sostenimiento de la economía capitalista, reproduciendo imaginarios que permiten la dominación, la pasividad y el conformismo. La autorreferencialidad del arte a sí mismo se ha convertido, más allá de ser una estrategia de liberación artística, en el mayor de los placeres pequeñoburgueses. Podemos hablar horas de cosas interesantes sin hacer absolutamente nada. La desconexión del arte de diferentes formas de consciencia social, cultural y política permitió cierta liberación artística, pero resta acercar el arte a la cultura, la política y la sociedad sin la "forma consciencia", mediante la crítica de la propia subjetividad y los efectos que esta forma ha tenido en todos sus proyectos emancipatorios de carácter social. De este modo el arte puede ser liberador.
Hoy día el lenguaje, la imagen y la música no dicen nada de nosotros, dicen que es lo que algunos suponen que queremos ser, pero no muestran en absoluto qué somos o qué podemos. Habrá que prender fuego a la letra, al fotograma y al riff para que el arte se vuelque sobre sí mismo y permita abordar la realidad de un modo potente. Y no se trata de subordinar el arte a la realidad, sino la realidad al arte, a la poiesis creativa de una multitud que ha dejado de creer en fantasmas y confía en su acción transformadora.
Mario Espinoza
miércoles 31 de enero de 2007
Los espectros
"En nosotros no sólo corre la sangre de nuestro padre y de nuestra madre, sino también una especie de idea destruída, una especie de ciencia muerta. Es algo que no vive, aunque no por eso deja de estar en el fondo de nosotros mismos, y nunca conseguiremos escapar a su acoso. Si tomo un periódico y me pongo a leer, veo surgir fantasmas entre las líneas. Se me figura que está poblado de espectros el país, que hay tantos como granos de arena en la playa. Y,
por añadidura, mientras existimos, ¡tenemos todos un miedo atroz a la luz!."
Los espectros, Henrik Ibsen
Cuando uno abre y lee el periódico no puede sino notar ante su mirada el surgir de esos amargos fantasmas o "ídeas destruídas"a las que alude Ibsen, espectros que rondan las líneas negras que dan forma al texto. Sin embargo normalmente no hay extrañamiento alguno por parte del lector ante estos cadáveres vivientes, tan sólo su asentimiento más o menos consciente: esta ciencia muerta del pensamiento y la palabra se ha convertido en evidencia. Y cuando algo se convierte en autoevidente, en algo que parece comprensible en sí y por sí, nos hallamos en una terrible encrucijada. Pero dejemos de hablar en abstracto.
Hoy la lectura del periódico se ha convertido en la práctica más común de reconocimiento ideológico que los hombres llevan a cabo en las sociedades occidentales, lo cual puede sustentarse a nivel internacional (sólo hace falta remitirse a las tiradas de los periódicos de cualquier nación y obervar sus efectos ideológicos en la ciudadanía), pero hay un caso particularmente especial y llamativo dentro de este extenso panorama: España. El mercado nos provee de todo lo que necesitamos: ideas, deseos, identidades, prácticas simbólicas y sociales, discursos ideológicos... hasta la salvación es un producto a la venta en el mercado del sens commun. Pero España es un caso realmente singular: asediada siempre por espectros de todo tipo en las columnas, editoriales y titulares de sus diarios, oprimida por "ídeas destruídas" y siempre acechada por un pasado que se ha erigido como fuente de disputa. También como origen del renacimiento de diversos ecos fantasmales.
El rito de la lectura del titular ilustra muy bien esta presencia ausente del espectro en la letra. Porque, no vaya a olvidársenos, no somos ya nosotros quienes leemos sino ellos los que leen a través de nuestros ojos, siendo actuados por ellos. Lo único que hacemos nosotros es comprar el diario, reconocer esa "nuestra" pretendida opinión en él y producir los efectos de verdad suficientes como para que las broncas ideológicas de la sociedad no pierdan su fuste. Lo peor es que los títulares, equipados con sus grandes verdades, hace tiempo que dejaron expresar algo así como "noticias". Si uno aplica un poco la vista a la prensa del país se dará cuenta de que los grandes textos de primera página no refieren a la realidad de un suceso, sino que parecen más bien ser la referencia negativa de la primera página de otro periódico: culmen del desencuentro mediático y, por desgracia, también social. Bourdieu además apuntaba un dato aún más atroz dentro de esta lógica: el hecho de que unas noticias refieran a otras no sólo es índice de desencuentro, sino de algo peor, de un encuentro en el modo de dar la información a nivel nacional. Se informa de lo Mismo pero de maneras encontradas, sin salir en absoluto de esa bipolaridad del esto o aquello, lo mismo o lo otro: da igual, el marco de referencia es la misma "pseudo noticia", lo que cambia es la doxa.
Más allá de mostrar que todo periódico es índice de cierto reconocimiento ideológico, cosa que creo podemos comprobar a poco que reparemos un poco en nuestros actos, cabe hablar sobre una neblina espectral que no deja de azotar cualquier ideología española: ese vapor lleno de vaguedad es el pasado. Leemos siempre a partir de nuestra historia, de la configuración de nuestro pasado y nuestro presente, de las coyunturas que pueden abrir otro futuro, de los debates que ponen en juego este último y las circunstancias políticas, sociales y ecnonómicas en las que nos hallamos inmersos. Todo eso lee a través de nosotros, libres sujetos liberales. La disputa en España está lejos de ser clara. Venimos de una Guerra Civil, del atentado contra la democracia legítima de un pueblo, venimos, como tantas veces, de la muerte. La divisón entre Rojos y Azules nunca fue tal, fue una coyuntura política y militar la que abrió esta distinción y sin embargo no podemos deshacernos del sambenito. Digo que fue el conflicto el que abrió la brecha porque nunca antes (aunque había movimientos sociales, instituciones y personas con opiniones encontradas) se había llegado a la división simbólica, afectiva y política del país como tal. De hecho las grandes divisiones han sido siempre la máscara de dominio que ha ocultado las relaciones entre las personas: hubo gente que se quiso aún en época de odio, gente de diferente bando que ayudó al otro aún a riesgo de su vida. Y hoy lo banalizamos todo desde la política mediática y nuestro estado de bienestar. El pasado es hoy la herramienta política número uno, su uso desigual está vertebrando una escala de odio totalmente imbécil. La derecha revisionista (César Vidal, Pío Moa y otros de este séquito) no han dejado de realizar truculentas lecturas sin ningún tipo de fundamentación científica o teórica. La "izquierda" del PSOE puso el dedo en la llaga cuando trató de realizar un ley de la memoria histórica, y todo porque los vencedores nunca quisieron reconocer a sus vencidos. Es duro enfrentarse a la memoria del otro, del sojuzgado, del herido y del continuamente excluido. Es preferible que predomine la disputa y la "falsa consciencia", que los rotativos sigan perpetuándose con el sabor de la mentira ideológica, negando la realidad.
Freud descubrió que los histéricos manifestaban conductas que eran efecto de un trauma o problema, su modo de actuar era ya en parte síntoma de algo que articulaba el fondo de su dinámica patológica. Mediante la asociación libre, el vencimiento de las resistencias y la transferencia podían liberarse del trauma dichos sujetos convalecientes y recuperar cierto equilibrio. En España nos pasa algo parecido: algunos han hecho Histeria de la Historia, han recubierto sintomáticamente sus traumas con actitudes que niegan aquello que les desestabiliza, que les hace daño, y ese algo es la voz del otro que no dejará de latir en sus consciencias jamás (muchos son católicos y, por tanto, expertos en esto del morsus conscientiae).
Los espectros que nos viven, pese a lo que Ibsen decía, pueden desaparecer. Sólo hace falta desempolvar el pasado, abrirlo a la luz en el presente para que cesen de merodear.
Mario E.P.
por añadidura, mientras existimos, ¡tenemos todos un miedo atroz a la luz!."
Los espectros, Henrik Ibsen
Cuando uno abre y lee el periódico no puede sino notar ante su mirada el surgir de esos amargos fantasmas o "ídeas destruídas"a las que alude Ibsen, espectros que rondan las líneas negras que dan forma al texto. Sin embargo normalmente no hay extrañamiento alguno por parte del lector ante estos cadáveres vivientes, tan sólo su asentimiento más o menos consciente: esta ciencia muerta del pensamiento y la palabra se ha convertido en evidencia. Y cuando algo se convierte en autoevidente, en algo que parece comprensible en sí y por sí, nos hallamos en una terrible encrucijada. Pero dejemos de hablar en abstracto.
Hoy la lectura del periódico se ha convertido en la práctica más común de reconocimiento ideológico que los hombres llevan a cabo en las sociedades occidentales, lo cual puede sustentarse a nivel internacional (sólo hace falta remitirse a las tiradas de los periódicos de cualquier nación y obervar sus efectos ideológicos en la ciudadanía), pero hay un caso particularmente especial y llamativo dentro de este extenso panorama: España. El mercado nos provee de todo lo que necesitamos: ideas, deseos, identidades, prácticas simbólicas y sociales, discursos ideológicos... hasta la salvación es un producto a la venta en el mercado del sens commun. Pero España es un caso realmente singular: asediada siempre por espectros de todo tipo en las columnas, editoriales y titulares de sus diarios, oprimida por "ídeas destruídas" y siempre acechada por un pasado que se ha erigido como fuente de disputa. También como origen del renacimiento de diversos ecos fantasmales.
El rito de la lectura del titular ilustra muy bien esta presencia ausente del espectro en la letra. Porque, no vaya a olvidársenos, no somos ya nosotros quienes leemos sino ellos los que leen a través de nuestros ojos, siendo actuados por ellos. Lo único que hacemos nosotros es comprar el diario, reconocer esa "nuestra" pretendida opinión en él y producir los efectos de verdad suficientes como para que las broncas ideológicas de la sociedad no pierdan su fuste. Lo peor es que los títulares, equipados con sus grandes verdades, hace tiempo que dejaron expresar algo así como "noticias". Si uno aplica un poco la vista a la prensa del país se dará cuenta de que los grandes textos de primera página no refieren a la realidad de un suceso, sino que parecen más bien ser la referencia negativa de la primera página de otro periódico: culmen del desencuentro mediático y, por desgracia, también social. Bourdieu además apuntaba un dato aún más atroz dentro de esta lógica: el hecho de que unas noticias refieran a otras no sólo es índice de desencuentro, sino de algo peor, de un encuentro en el modo de dar la información a nivel nacional. Se informa de lo Mismo pero de maneras encontradas, sin salir en absoluto de esa bipolaridad del esto o aquello, lo mismo o lo otro: da igual, el marco de referencia es la misma "pseudo noticia", lo que cambia es la doxa.
Más allá de mostrar que todo periódico es índice de cierto reconocimiento ideológico, cosa que creo podemos comprobar a poco que reparemos un poco en nuestros actos, cabe hablar sobre una neblina espectral que no deja de azotar cualquier ideología española: ese vapor lleno de vaguedad es el pasado. Leemos siempre a partir de nuestra historia, de la configuración de nuestro pasado y nuestro presente, de las coyunturas que pueden abrir otro futuro, de los debates que ponen en juego este último y las circunstancias políticas, sociales y ecnonómicas en las que nos hallamos inmersos. Todo eso lee a través de nosotros, libres sujetos liberales. La disputa en España está lejos de ser clara. Venimos de una Guerra Civil, del atentado contra la democracia legítima de un pueblo, venimos, como tantas veces, de la muerte. La divisón entre Rojos y Azules nunca fue tal, fue una coyuntura política y militar la que abrió esta distinción y sin embargo no podemos deshacernos del sambenito. Digo que fue el conflicto el que abrió la brecha porque nunca antes (aunque había movimientos sociales, instituciones y personas con opiniones encontradas) se había llegado a la división simbólica, afectiva y política del país como tal. De hecho las grandes divisiones han sido siempre la máscara de dominio que ha ocultado las relaciones entre las personas: hubo gente que se quiso aún en época de odio, gente de diferente bando que ayudó al otro aún a riesgo de su vida. Y hoy lo banalizamos todo desde la política mediática y nuestro estado de bienestar. El pasado es hoy la herramienta política número uno, su uso desigual está vertebrando una escala de odio totalmente imbécil. La derecha revisionista (César Vidal, Pío Moa y otros de este séquito) no han dejado de realizar truculentas lecturas sin ningún tipo de fundamentación científica o teórica. La "izquierda" del PSOE puso el dedo en la llaga cuando trató de realizar un ley de la memoria histórica, y todo porque los vencedores nunca quisieron reconocer a sus vencidos. Es duro enfrentarse a la memoria del otro, del sojuzgado, del herido y del continuamente excluido. Es preferible que predomine la disputa y la "falsa consciencia", que los rotativos sigan perpetuándose con el sabor de la mentira ideológica, negando la realidad.
Freud descubrió que los histéricos manifestaban conductas que eran efecto de un trauma o problema, su modo de actuar era ya en parte síntoma de algo que articulaba el fondo de su dinámica patológica. Mediante la asociación libre, el vencimiento de las resistencias y la transferencia podían liberarse del trauma dichos sujetos convalecientes y recuperar cierto equilibrio. En España nos pasa algo parecido: algunos han hecho Histeria de la Historia, han recubierto sintomáticamente sus traumas con actitudes que niegan aquello que les desestabiliza, que les hace daño, y ese algo es la voz del otro que no dejará de latir en sus consciencias jamás (muchos son católicos y, por tanto, expertos en esto del morsus conscientiae).
Los espectros que nos viven, pese a lo que Ibsen decía, pueden desaparecer. Sólo hace falta desempolvar el pasado, abrirlo a la luz en el presente para que cesen de merodear.
Mario E.P.
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